El Mejor De Los Finales

Ahi estábamos todos, sentados en medio de la nada, esperando cada uno su transporte. No estaba tan oscuro en la estación, de echo el sol se empezaba a colar por entre los boquetes de la pared de atrás. A nadie excepto a mi y a la chica de cabello carmesí nos molestaba, pero romper el hermoso y lúgubre ambiente que nos rodeaba era algo que no queríamos, ni tampoco podíamos. La lluvia nos azotaba desde hace horas, aunque debo admitir que me entretenía ver las gotas de agua impactar ferozmente contra el suelo. Pasaron unas horas hasta que llegó el primer vehículo, vacío, y en el subieron creo que unas cuatro personas. Como de costumbre, no se despidieron, nadie lo hacía usualmente, se habían resignado a vivir la hermosa experiencia de sentirse especiales y olvidados. Aunque ahora que me pongo a reflexionar sobre esto, a todos nos olvidarán al final de nuestro tiempo. Tal vez sea el clima o la falta de empatia que circula en el aire lo que me hace pensar estas cosas, las cuales ocupan cada una de las páginas de mi diario, o al menos lo han hecho desde que llegué a esta ciudad. Me pregunto si me extrañarán en Esmeralda. Quiero decir, no creo que nadie me extrañe allí, no había nadie de quien despedirme cuando me fui, pero aún así siento una especie de nostalgia de cuando pienso en mi antigua vida. ¿Abandone tanto para que? A veces aún me lo pregunto, pero no se si es la mejor idea. A la voz de mi cabeza no parece disgustarle, aunque se empeña en tratar de que no lo haga. Acaba de llegar otro vehículo, esta vez se bajo una persona y subieron tres más, como de costumbre la recién llegada ocupó el primer asiento a la derecha de la puerta principal. Me causa un poco de gracia el hecho de que algunas personas estén vestidas de traje, como si les fuera a servir de algo, los pasajeros mejor vestidos no pagan menos, o al menos eso me han dicho. Finalmente, mi transporte había tocado destino, y era momento de despedirme de mis amigos. Le recomendé a mi Tristeza que se buscará un nuevo dueño, que se lo merecía. Le recordé a mi Obsesión que practicará más con el revolver, que la última vez había sido sólo suerte, y mis Recuerdos me prometieron no olvidarse nunca más de alimentar a la pequeña bestia. Por ultimo, tocaba despedirme de mi Locura. Admito que me costó hacerlo, pero al verla supe que era lo correcto irme, todos merecíamos un pequeño descanso. Sólo la mire a los ojos y la abracé fuertemente, como nunca lo había hecho. Sentí su fragancia a desesperación por última vez, y me reconfortó el hecho de su beso en mi mejilla, no espera otra cosa de ella, el romanticismo era lo suyo. Subí al vehículo y mis tres compañeros se desvanecieron en la oscuridad de la lejanía. ¿A donde lo llevo, caballero? A Casa, conteste, con una sonrisa de satisfacción, de victoria y de felicidad absoluta en los ojos.

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