Capítulo 3: Chaos et Spem

La historia nos remonta al año 2018, el gobierno acababa de entablar una paz con la Unión de Obreros y los Sindicatos de Inteligencia, sus principales opositores, se había logrado salir de la crisis económica del '15, el desempleo y la pobreza se veían como palabras del pasado, y parecía que la calma reinaría en la zona por un tiempo. Lamentablemente, no teníamos idea de que ese tiempo sería tan corto.
Lo recuerdo bastante bien, el día del incidente era un día más, parecía demasiado típico por partes, pero nada de que preocuparse. En las cercanías de la Secundaria Diamante se estaba empezando a formar una manifestación de estudiantes, reclamando mejores precios en la cafetería si no estoy equivocado. Al principio era una protesta normal, con gente enojada sosteniendo carteles irónicos, y otra gente aún más enojada sosteniendo garrotes y escudos. Y luego se escuchó el balazo cero. Se llamaba Constantine Blackwell, hijo del director del colegio, y un joven rico y mimado más. Pero este joven rico y mimado era diferente, se consideraba a si mismo un anarquista, un rebelde, odiaba el control y esa manifestación era su oportunidad perfecta para demostrarlo. Con un certero disparo a uno de los policías, empezó una balacera que no se detuvo hasta que los manifestantes que no estaban muertos, estuvieran gravemente heridos. Cerca de 20 personas murieron ese día, todos inocentes. Los policías fueron destituidos de sus cargos, y Constantine durmió ese dia libre de cargos. Es increíble las cosas que puede lograr la gente rica y poderosa.
Si el desastre hubiera acabado ese día, no estaría hablándoles en este momento. El gobierno empezó un muy duro debate sobre cómo podía ser que un menor de edad tuviera un arma, y como había quedado en libertad, ya que muchos lo consideraban el principal responsable de la masacre. Una semana después, cerca de 800 personas se encontraban frente a la casa de los Blackwell, y pedían a gritos sólo una cosa, justicia.
Al cabo de un mes, los Blackwell no daban signos de tener intenciones de salir. Aquí es donde entra la Colonia en juego. Debíamos aprovechar el caos. Nosotros existiamos desde antes de este desastre, éramos un pequeño grupo que al igual que Constantine, buscábamos deshacernos de el corrupto gobierno que nos dominaba. Al enterarnos del caos que ocurría en la ciudad, decidimos crear un plan. Destruir el Ayuntamiento con bombas químicas. Lamentablemente, el plan no dio resultado ya que cuando estábamos a punto de explotar la entrada principal, la muchedumbre llegó y arruinó todos los planes. Cabe aclarar que ver a un par de civiles con armas químicas de nivel militar no fue para nada agradable, y sólo empeoró la situación.
El caos reinaba en la ciudad, la gente no paraba de pedir por una respuesta, necesitaban a un culpable, y arrasaban con todo lo que encontrarán para conseguirlo. El gobierno entonces tomo medidas desesperadas. Creó a la PPCD, la Policía Privada de Ciudad Diamante, el grupo armado personal del gobierno. Ellos se encargaban de destruir sadicamente toda luz de revolución que existiera. Todo aquel que se opusiera al estado, era o asesinado, o rectificado. Esta última opción era, en mi opinión, mucho peor que la primera. Se secuestraba a los rebeldes, se los torturaba de formas inhumanas, se los obligaba a jurarle devoción la estado, y se los unía a la PPCD. Los que sobrevivían a todo esto se volvían máquinas sin cerebro, capaces sólo de seguir instrucciones, lo que sea que sus superiores les ordenarán.
Los que se oponían a la PPCD eventualmente nos descubrieron, y nos vieron como una especie de esperanza, una luz entre la oscuridad, uan forma no tan violenta de resistir ante la opresión. Empezamos a recolectar más gente, más voluntarios, todos dispuestos a defender su libertad. Todos se revelan de forma diferente, algunos colocando bombas en colegios, otros robando información de la PPCD, pero todos con un objetivo en común, derrocar al gobierno actual.
Quien sea que este mirando esto y vea que su gobierno es corrupto de alguna forma, unasenos. Unidos, somos más fuertes. Somos la fuerza, somos la libertad, somos La Colonia.
Y eso, básicamente, es la Colonia -dijo Aiko, que acababa de entrar en la habitación- espero que decidas quedarte, pareces buena persona.
Lo pensaré, pero necesito tiempo para hacerlo. Pasa por mi en la escuela en una semana y hablaremos, ¿si? -esa era la excusa perfecta, necesitaba información que buscaría en la escuela sobre la PPCD, si quería unirme necesitaba ser útil de alguna forma.
Perfecto, nos vemos en una semana entonces. Ya sabes dónde está la salida -Aldrich decidió no acompañarme hacia ella, tal vez sea mejor.
Al salir, me esperaba una limusina blanca y un chofer esperándome dentro. Según el, sólo debía decirle mi destino y me llevaría en menos de una hora. Decidí ir directamente a mi casa, necesitaba recapacitar para elegir correctamente mi próximo movimiento.
Mis padres no estaban en casa, lo único que me dejaron fue una nota en la mesa del comedor. Volveremos en la mañana, tu padre y yo tenemos una reunión urgente en la fábrica (donde trabajaban juntos), la cena esta en la cocina, te queremos. Que cariñosos. Preferí pasar de cenar esa noche, posiblemente vomitara si lo hiciera, toda la información que recibí me dejó un asqueroso sabor en la boca. Al entrar en mi habitación, apunte mi cuerpo de un salto directo a la cama, pero al aterrizar un ruido detuvo mi descanso. Mi figura de el Gigante de Hierro había caído a suelo.
Maldita sea, se suponía que sería una sorpresa. Bueno, ya que estas aquí, ¿por que retrasarnos?
Mi corazón se detuvo un segundo.