Las cuatro paredes estaban
cubiertas de ceniza, roja y brillante ceniza. Esta habitación, al igual que
todas las otras, era un completo desastre. De la paz solo quedaban recuerdos,
dolorosos y silenciosos recuerdos que nos torturaban sin cesar, A mí se me
notaba en la cara, tenía una expresión de miedo mezclada con emoción, no
terminaba de creer lo que habíamos hecho. Fuera de la casa aún se escuchaban murmullos y
sirenas en la distancia. Vienen por nosotros, pregunte a mi hermana. No creo,
este barrio es peligroso, seguro están de paso. Voy a creerte, la última vez que lo hice nos
salvó la vida, respondí aliviado. Estábamos sentados en la mitad del
dormitorio, mirando ambos un cuadro de una familia. Extrañas eso, pregunto mi
hermana. Una familia, conteste con otra pregunta. Si, en casa nos deben
extrañar. No estaríamos aquí si fuera así, susurré con un poco de impotencia.
Las sirenas se acercaban cada vez más. Los murmullos se habían detenido ya, el
ambiente vestía un hermoso traje color silencio. Se me ocurrió recorrer la casa
para pasar el tiempo, mi hermana decidió no acompañarme, sus tobillos y muñecas
aún
estaban muy débiles. Las cuerdas todavía olían a quemado, y los ojos de los
fantasmas estaban tan blancos como la nieve de una mañana de invierno. Me
pregunte qué pensarían nuestros padre de todo esto, pero trataba de evitar
pensar en ellos. Escuchas eso, grito mi hermana desde el dormitorio. Lo
escuchaba, pasos, muchos de ellos, marchaban en una terrorífica sinfonía. Los
siguientes momentos pasaron demasiado lentos frente a mis ojos. Los vi tomarnos
a mí y a mi hermana por la fuerza. Los vi metiéndonos a la fuerza en su vehículo
color mar. Los escuche gritar a un teléfono que nos habían encontrado, y creo
haber escuchado el llanto de mi madre, pero tal vez fue solo mi imaginación. A
medida que nos alejábamos de nuestro hogar por la última semana, mis ojos se
cerraban cada vez más y más, acompañando mi cansancio físico con mi fatiga
mental, necesitaba dormir un poco. Ese día soñé con una familia feliz, una casa
pacifica, con mis padres mimándonos, y con muchas mentiras más. Ese día soñé.
- Fin del interrogatorio.
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