Capítulo 2: Auxilium et Legend

Ahí estaba ella, vestida con el uniforme de la PPCD, un garrote en una mano, el cuello de Owen en la otra, con una cara que mezclaba el odio y la curiosidad perfectamente. Owen batallaba a varios centímetros del suelo por respirar y librarse de las manos de Koemi.
Sueltame, por favor. Prometo que haré lo que quieras, sólo dejame respirar -fue lo último que escuche que Owen pudo decir antes de que la puerta se cerrará frente a nuestras narices.
- Maldita sea, perdimos a otro -grito mi captora, a la vez que pateaba con furia un par de pupitres -Tu, ¿tu quien eres? No recuerdo haberte visto en la colonia, así que si no eres de los nuestros, ¿quien eres?
- ¿Colonia? ¿De que me estás hablando? Yo solo estaba siguiendo a unos amigos para ver qué era esa rectificación de la que hablaba el Director.
- Así que no sabes nada, ¿no es cierto? Bueno, en ese caso-
De pronto, se escucharon unos susurros en el pasillo fuera del salón.
- Deben ser guardias, nos encontrarán rápido si no nos vamos. Como sea, si quieres vivir sigueme -me extendió la mano derecha a la vez que abría la ventaja con la izquierda- vamos niño, decide rápido, nos encontrarán si sigues dudando.
Al decir eso, sacó la mitad de su cuerpo por la ventana con todas las intenciones de abandonarme.
¡Espera, voy contigo! -alcanze a gritar mientras mi salvadora terminaba de salir por la ventana.
Cuando salí, me sorprendió una motocicleta carmesí con una joven encima a punto de salir- ¿Subes? -pregunto mientras esbozaba una sonrisa pícara.
Al subir, nos dirigimos a toda velocidad hacia las afueras de la ciudad, acercándonos cada vez más a la Zona Cero, uno de los únicos lugares prohibidos de la ciudad- ¡Oye, nos acercamos a la zona en cuarentena! ¿Sabes a donde vamos? -tuve que gritar ya que el motor de el vehículo tapaba ferozmente todos los sonidos cercanos.
- Obviamente lo se, ¿no ves lo segura que estoy? Además, si prefieres te dejo aquí, no estás tan lejos de la escuela.
Observé mi entorno y me arrepentí al instante de mi pregunta. La ciudad de veía destruida usualmente, incluso la mitad de la escuela estaba en ruinas, pero esta parte de la ciudad tenía un olor a caos impresionante. Negué con la cabeza y la conductora fijo su vista de nuevo en el camino. Al cabo de unos minutos de curvas y baches en el camino, nos detuvimos frente a un edificio de apartamentos semi destruido- Llegamos, acompañarme y te llevaré a un lugar seguro -dijo la conductora a la vez que estacionaba la motocicleta en un callejón cercano.
Al entrar al edificio, me sorprendió lo pacífico de la recepción, tomando en cuenta el caos que había fuera, ya que el edificio se encontraba en lo barrios bajos. Luego de cruzar un par de puertas, descubrí a que se refería mi guía con "La colonia".
- Aiko, volviste al fin. ¿quien es el nuevo, otro de tus novatos? -se escucho una voz al otro lado de la habitación, a la vez que volaban botellas de cerveza por el aire.
- Como crees, sólo lo rescate de la escuela, nos estaban por atrapar y lo recogí en un apuro, ¿hice mal?
- Descuida, todos son bienvenidos en la colonia, eso nos diferencia de la PPCD, ¿NO CHICOS? -lanzo un grito al aire, a la vez que todos los presentes alabaron su pregunta con un grito al unísono.
Aiko río un poco, a la vez que me ofrecía una cerveza- ¿Quieres celebrar, novato?
- ¿Celebrar? ¿Por que?
- Por estar vivos, por sobrevivir un día más en este basurero, por aún no caer en las manos de la policía, y por qué si, siempre hay una razón para festejar.
Decidí aceptar su regalo y "festejar" con el resto del grupo, sólo para complacer a Aiko, aunque no supere las tres cervezas. Al cabo de unas horas, la mitad del grupo ya nos había abandonado, y la otra mitad, excepto por Aiko y el griton que me recibió al comienzo de la fiesta, estaban o inconscientes o durmiendo.
- Oye chico, ¿tienes nombre? -dijo mientras se acercaba el extraño griton.
- Quinzel, pero mis amigos me llaman Quinn.
- Bien Quinn, mi nombre es Aldrich, ya conociste a Aiko, mi hermana, y estas en La Colonia. Somos una especie de resistencia clandestina, nos defendemos de la PPCD y tratamos de recolectar a la mayor cantidad de rebeldes posibles. Según me dijo mi hermana, te interesa saber lo que es la rectificación, ¿no es cierto?
Asenti con la cabeza, aún tratando de procesar toda la información recibida.
- Ven, acompañame y aclararé todas tus dudas -dijo Aldrich mientras extendía su mano hacia mi, de la misma forma que lo hizo su hermana.
Devolví el gesto y lo seguí hasta una habitación completamente a oscuras, hasta que la luz de un proyector iluminó el lugar. Tomamos asiento en un par de sillas un poco desgastadas por el paso del tiempo y la película empezó.
- Saludos cordiales, mis colegas resistentes, mi nombre es Zigor Sausseret y si están viendo esto, la sociedad como la conocen actualmente es completamente diferente a lo que era en el pasado. Déjeme explicarles que sucedió para que entiendan a que nos enfrentamos, esta es la leyenda de Ciudad Diamante...

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